Carpe DiemManolo Victorio
- Guillermo Humberto Gutierrez Arias
- hace 1 hora
- 5 Min. de lectura

Enero es historia
Enero ya es historia. Se escurrieron las primeras cuatro semanas de las 52 que tiene el año corriente como agua entre los dedos, encierra la frase trillada, contiene el lugar común.
Quedan 69 días para el primer filtro, el primer examen a ojos del ciudadano: los primeros cien días de gobierno municipal.
111 alcaldes y presidentas municipales se acuestan cada noche en el intranquilo soliloquio de la rapidez de los días.
Algunos no cobran sus dos primeras quincenas iniciales que servirán para hacerse la señal de la cruz en petición silenciosa de bonanza cuatrienal, otros, como Bibiana Sánchez Báez, alcaldesa de Puente Nacional, han lidiado exitosamente con la estrechez de los días, acortados en la atención de las necesidades populares y se las ha ingeniado para ordenar la compra de zapatillas o flats de la marca Carolina Herrera con un valor estimado en 13 mil pesos, movida por el frenesí femenino por antonomasia de imitar el glamur de la diseñadora caraqueña.
En el primer mes arrancado al calendario cuatrienal de 208 semanas, flotan en el ambiente algunos escándalos que contrastan con el discurso de austeridad preconizada a los cuatro vientos en las campañas proselitistas, donde –desde el estatus de candidatos y candidatas– subían a redes sociales sus tenis Panam rotos por las caminatas interminables y los tamales de chipilín o frijol entero que fingían degustar en los recorridos proselitistas.
En el municipio más importante del estado de Veracruz de Ignacio de la Llave, donde un 22 de abril de 1519 el extremeño Hernán Cortés colocó la primera piedra del primer ayuntamiento en tierra continental en América Latina, ciudad cuatro veces heroica, blasones imborrables en el devenir de esta república nuestra, se ha respetado a pie juntillas la forma y fondo de la austeridad en la gobernanza.
La maestra universitaria Rosa María Hernández Espejo se ha apegado al dictado morenista de gobernar con cercanía a la gente, austera en las formas del oropel, fructífera en el discurso, eficaz en los resultados en estos primeros 30 días de ejercicio gubernamental.
En el arranque del actual gobierno municipal en Veracruz había expectativa. No solo comenzaba una nueva administración, sino que por primera vez una mujer de Morena asumía la conducción del municipio más importantes del estado. A 30 días del arranque, Rosa María Hernández Espejo ha optado por algo nada conocido entre la gente porteña: convertir la cercanía en método de gobierno, no en acto simbólico.
Su forma de ejercer el encargo parte de una historia que no se improvisa. Conoce el valor del trabajo cotidiano y entiende que escuchar no es una concesión, sino una obligación. Por eso la relación con la ciudadanía no se percibe ensayada ni distante. Se le ve recibir personas en Palacio, salir a territorio y atender tanto una gestión urgente como una palabra de agradecimiento.
El Día del Pueblo en los bajos del Palacio Municipal, la apertura del Cabildo para escuchar a la gente aun en condiciones adversas y las visitas semanales a colonias no son gestos aislados. Responden a una lógica clara: romper la barrera entre autoridad y ciudadanía, y darle a la gente el derecho a ser atendida sin filtros ni intermediarios, a ras de suelo.
En la praxis del discurso político, en la aplicación del aforismo «gobernar es comunicar», la alcaldesa permanece el tiempo necesario en el contacto con la gente, hasta escuchar al último vecino, sin gestos, con calma, sin prisas y sin pausas, en un ejercicio poco visto ahora en la política moderna, que descansa en este mantenimiento del tejido social a través de la escucha.
Estas primeras cuatro semanas de escuchar las demandas populares, ya en la investidura del poder municipal manda un mensaje potente. En una ciudad amurallada, en un palacio antes cerrado con candado, los ciudadanos, acostumbrados a oficinas cerradas y trámites eternos, la presencia constante de una alcaldesa de territorio empieza a cambiar la percepción de lo que significa tener un gobierno cerca.
En apenas un mes del relevo en el poder municipal, la gente no solo recibió esperanza, recibió señales claras de un gobierno que escucha, que está presente y que entiende que la confianza no se pide: se construye todos los días, en contacto directo con la gente.
…del mismo costal.
La nueva etapa municipal en Veracruz arrancó con 211 presidentes municipales y alcaldesas en funciones, a excepción de Tamiahua, donde opera un consejo municipal, en medio de claroscuros que acaparan titulares en los medios de comunicación.
Apenas 30 días han bastado para confirmar que el relevo de poder no garantiza, por sí mismo, un cambio en las prácticas políticas ni en la percepción ciudadana.
Las primeras señales de alerta ya encendieron focos ámbar en el Congreso local. Durante la entrega de las Leyes de Ingresos Municipales para el ejercicio fiscal 2026, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Esteban Bautista Hernández, llamó a alcaldes y cabildos a trabajar en unidad y, sobre todo, a cuidar la recaudación sin afectar al pueblo. El mensaje no fue casual.
En el ambiente ya circulan escándalos que contrastan con el discurso de austeridad. El caso de la alcaldesa de Puente Nacional, citado no por la prensa rosa sino por el periodismo serio, empañan en forma tempranera la confianza de la gente.
El mensaje es claro: el problema no es sólo de formas, sino de fondo. La ciudadanía observa, compara y juzga. Los primeros meses definirán si esta generación de alcaldes entiende que gobernar no es exhibirse, sino dar resultados.
Se fueron ya las primeras cuatro semanas del año. Sólo quedan 48 en el calendario de este 2026.
Que alcaldes y alcaldesas no se deje llevar por las tentaciones banales del poder y perfilen una hoja de ruta basada en la honestidad y el trabajo, es la esperanza de quienes votamos por ellos.
… de otro costal.
Sed lex, dura lex. En Veracruz, el aforismo romano dejó de ser cita académica para convertirse en prueba de fuerza. El pulpo camionero decidió tensar la cuerda y jugar a la desobediencia abierta: subir la tarifa de manera unilateral, cancelar el descuento a estudiantes y adultos mayores y, de paso, mandar el mensaje de que el poder real se mide en llantas detenidas y rutas paralizadas. No es un reclamo social; es un desafío político.
Los concesionarios están «tentándole el agua a los camotes» a una gobernadora que ya marcó línea. Rocío Nahle García no habló en abstracto, ni bordó al aire: recordó que las concesiones del transporte público urbano no son propiedad privada sino un permiso otorgado por el Estado, reversible cuando se viola la ley.
Ahí está el nudo del conflicto. No se discute solo el precio del pasaje; se disputa –en las testas aceleradas de los empresarios– quién manda. Si el gobierno tolera el incremento ilegal, el mensaje sería devastador: en Veracruz, la presión corporativa intenta doblar al gobierno estatal.
Si la gobernadora aplica la ley, aunque duela, se reconfigura la relación de fuerzas. Ella es la depositaria y la ejecutante de la ley.
La advertencia es clara: unidad que no respete la tarifa, unidad detenida; concesionario reincidente, concesión retirada. No hay medias tintas. En una zona conurbada donde operan 70 rutas urbanas y 10 turísticas, el precedente pesa más que la coyuntura. Ceder hoy es abrir la puerta a que mañana cualquier gremio imponga condiciones por la vía del hecho consumado.
Así que la semana es turbulenta, sí, pero también definitoria. La política, cuando se ejerce, no siempre busca aplausos: busca autoridad. Y en este pulso, la lógica del Estado de derecho es simple y brutal: la ley puede ser dura, pero si no se cumple, deja de ser ley y se vuelve decoración.
En Veracruz, el reloj corre. Y alguien tendrá que parpadear primero.
Finalmente, tras 24 horas de berrinche inútil, la ley y el orden prevalecieron y este viernes regresaron los autobuses urbanos con las tarifas normales.
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