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UN HEROE PETROLERO

hace 27 minutos
8 min de lectura

JUAN MELENDEZ

Eran las 8 de la noche del día 11 de junio de 1959. La actividad en la refinería continuaba porque en este centro laboral el funcionamiento es permanente e ininterrumpido. La ciudad de Minatitlán de disponía a descansar cuando se escuchó un fogonazo localizado en el área de proceso al mismo tiempo que una gran luminaria vista por casi toda la población hizo que cundiera el desconcierto por todas partes ya que se presentía el presagio de un peligro.


El siniestro tuvo su principio en los momentos en que el gas, emanado por una chimenea de desfogue fue llevado por el viento sobre el calentador de la planta primaria 2 que despide elementos gaseosos de alta temperatura. Al producirse la reacción natural de la mezcla térmica, el fuego se hizo presente con gran intensidad elevando al cielo en enormes lenguas que ofrecían un pavoroso espectáculo.

Durante más de dos horas las llamas convirtieron la noche en día. Ingenieros junto con los trabajadores corrían en todas direcciones cerrando válvulas, paralizando motores en un afán desesperado por aislar el fuego e impedir que llegara a las demás plantas. Debajo de la primaria el fuego llovía en grandes cantidades y parecía que no había más remedio que esperar a que se consumiera toda la carga de la planta. Y fue allí donde surgió la figura del trabajador Trinidad Lezama, quien con valor temerario, cerró la válvula de alimentación principal de la planta, logrando de esta forma controlar el voraz incendio, pero lo hizo a costa de su vida pues su cuerpo resultó con quemaduras en un 90% de su superficie.

En un intento desesperado por salvarle la vida, fue trasladado a la ciudad de México, D.F. donde falleció el día 13 de Junio.

Trinidad Lezama Dávila. Contaba con 59 años y 26 años de antigüedad en la industria. Era Operador de primera en plantas de proceso y estaba ascendido a operario especialista. Dejó en la orfandad a cinco hijos y a la viudez a su esposa, Minerva García González.

Su muerte fue sentida en todo el gremio petrolero pues quienes lo vieron actuar con decidido arrojo, exponiendo su vida para cumplir hasta el último momento con su deber en la sofocación del fuego, saben que Trinidad Lezama Dávila ofrendó su existencia con íntegro valor, puesto a prueba cuando sin separarse de su actividad como fiel soldado al cuidado de su puesto, supo afrontar los peligros en abnegada y encomiable labor en favor de los intereses de la industria y de la colectividad (1).

Su cuerpo fue traído a nuestra ciudad y después de permanecer en su domicilio, en el edificio sindical se instaló la capilla para velar su cuerpo dónde se le rindieron guardias de honor por tres horas. La organización sindical solicitó que el día del sepelio se laborara de manera continua para que todos los trabajadores cumplieran con el deber moral y sindical de acompañar a su última morada al compañero trabajador que sacrificó su existencia en el cumplimiento de su deber (2).

Trinidad Lezama Dávila fue un héroe que ofrendó su vida en defensa de la colectividad. Por eso, al rendirte hoy homenaje, la sección 10 del STPRM se lo brinda a todos los trabajadores que han fallecido cumpliendo con su trabajo.

TRINIDAD LEZAMA DÁVILA NO DEBE QUEDAR SOLAMENTE EN LA MEMORIA COMO UN HOMBRE QUE MURIÓ HEROICAMENTE, SINO COMO UN TRABAJADOR CUYA EXPERIENCIA Y ACTUACIÓN CONTRIBUYERON A PROTEGER A SUS COMPAÑEROS, LAS INSTALACIONES PETROLERAS Y A LA COLECTIVIDAD DE MINATITLÁN.

Trinidad Lezama Dávila representa al trabajador petrolero que, antes de su integridad personal, coloca en primer término la protección de su centro de trabajo, es el ejemplo de que los trabajadores petroleros cumplimos diariamente con nuestra responsabilidad en beneficio de nuestro país, aun a costa de nuestra vida.

Referencias:

(1) La Opinión. Año XXIV, Núm. 8093. Domingo 14 de junio de 1959.

(2) La Opinión. Año XXIV, Núm. 8095. Martes 16 de junio de 1959.

Un héroe petrolero

Eran las 8 de la noche del día 11 de junio de 1959. La actividad en la refinería continuaba porque en este centro laboral el funcionamiento es permanente e ininterrumpido. La ciudad de Minatitlán de disponía a descansar cuando se escuchó un fogonazo localizado en el área de proceso al mismo tiempo que una gran luminaria vista por casi toda la población hizo que cundiera el desconcierto por todas partes ya que se presentía el presagio de un peligro.

El siniestro tuvo su principio en los momentos en que el gas, emanado por una chimenea de desfogue fue llevado por el viento sobre el calentador de la planta primaria 2 que despide elementos gaseosos de alta temperatura. Al producirse la reacción natural de la mezcla térmica, el fuego se hizo presente con gran intensidad elevando al cielo en enormes lenguas que ofrecían un pavoroso espectáculo.

Durante más de dos horas las llamas convirtieron la noche en día. Ingenieros junto con los trabajadores corrían en todas direcciones cerrando válvulas, paralizando motores en un afán desesperado por aislar el fuego e impedir que llegara a las demás plantas. Debajo de la primaria el fuego llovía en grandes cantidades y parecía que no había más remedio que esperar a que se consumiera toda la carga de la planta. Y fue allí donde surgió la figura del trabajador Trinidad Lezama, quien con valor temerario, cerró la válvula de alimentación principal de la planta, logrando de esta forma controlar el voraz incendio, pero lo hizo a costa de su vida pues su cuerpo resultó con quemaduras en un 90% de su superficie.

En un intento desesperado por salvarle la vida, fue trasladado a la ciudad de México, D.F. donde falleció el día 13 de Junio.

Trinidad Lezama Dávila. Contaba con 59 años y 26 años de antigüedad en la industria. Era Operador de primera en plantas de proceso y estaba ascendido a operario especialista. Dejó en la orfandad a cinco hijos y a la viudez a su esposa, Minerva García González.

Su muerte fue sentida en todo el gremio petrolero pues quienes lo vieron actuar con decidido arrojo, exponiendo su vida para cumplir hasta el último momento con su deber en la sofocación del fuego, saben que Trinidad Lezama Dávila ofrendó su existencia con íntegro valor, puesto a prueba cuando sin separarse de su actividad como fiel soldado al cuidado de su puesto, supo afrontar los peligros en abnegada y encomiable labor en favor de los intereses de la industria y de la colectividad (1).

Su cuerpo fue traído a nuestra ciudad y después de permanecer en su domicilio, en el edificio sindical se instaló la capilla para velar su cuerpo dónde se le rindieron guardias de honor por tres horas. La organización sindical solicitó que el día del sepelio se laborara de manera continua para que todos los trabajadores cumplieran con el deber moral y sindical de acompañar a su última morada al compañero trabajador que sacrificó su existencia en el cumplimiento de su deber (2).

Trinidad Lezama Dávila fue un héroe que ofrendó su vida en defensa de la colectividad. Por eso, al rendirte hoy homenaje, la sección 10 del STPRM se lo brinda a todos los trabajadores que han fallecido cumpliendo con su trabajo.

TRINIDAD LEZAMA DÁVILA NO DEBE QUEDAR SOLAMENTE EN LA MEMORIA COMO UN HOMBRE QUE MURIÓ HEROICAMENTE, SINO COMO UN TRABAJADOR CUYA EXPERIENCIA Y ACTUACIÓN CONTRIBUYERON A PROTEGER A SUS COMPAÑEROS, LAS INSTALACIONES PETROLERAS Y A LA COLECTIVIDAD DE MINATITLÁN.

Trinidad Lezama Dávila representa al trabajador petrolero que, antes de su integridad personal, coloca en primer término la protección de su centro de trabajo, es el ejemplo de que los trabajadores petroleros cumplimos diariamente con nuestra responsabilidad en beneficio de nuestro país, aun a costa de nuestra vida.

Referencias:

(1) La Opinión. Año XXIV, Núm. 8093. Domingo 14 de junio de 1959.

(2) La Opinión. Año XXIV, Núm. 8095. Martes 16 de junio de 1959.

Un héroe petrolero

Eran las 8 de la noche del día 11 de junio de 1959. La actividad en la refinería continuaba porque en este centro laboral el funcionamiento es permanente e ininterrumpido. La ciudad de Minatitlán de disponía a descansar cuando se escuchó un fogonazo localizado en el área de proceso al mismo tiempo que una gran luminaria vista por casi toda la población hizo que cundiera el desconcierto por todas partes ya que se presentía el presagio de un peligro.

El siniestro tuvo su principio en los momentos en que el gas, emanado por una chimenea de desfogue fue llevado por el viento sobre el calentador de la planta primaria 2 que despide elementos gaseosos de alta temperatura. Al producirse la reacción natural de la mezcla térmica, el fuego se hizo presente con gran intensidad elevando al cielo en enormes lenguas que ofrecían un pavoroso espectáculo.

Durante más de dos horas las llamas convirtieron la noche en día. Ingenieros junto con los trabajadores corrían en todas direcciones cerrando válvulas, paralizando motores en un afán desesperado por aislar el fuego e impedir que llegara a las demás plantas. Debajo de la primaria el fuego llovía en grandes cantidades y parecía que no había más remedio que esperar a que se consumiera toda la carga de la planta. Y fue allí donde surgió la figura del trabajador Trinidad Lezama, quien con valor temerario, cerró la válvula de alimentación principal de la planta, logrando de esta forma controlar el voraz incendio, pero lo hizo a costa de su vida pues su cuerpo resultó con quemaduras en un 90% de su superficie.

En un intento desesperado por salvarle la vida, fue trasladado a la ciudad de México, D.F. donde falleció el día 13 de Junio.

Trinidad Lezama Dávila. Contaba con 59 años y 26 años de antigüedad en la industria. Era Operador de primera en plantas de proceso y estaba ascendido a operario especialista. Dejó en la orfandad a cinco hijos y a la viudez a su esposa, Minerva García González.

Su muerte fue sentida en todo el gremio petrolero pues quienes lo vieron actuar con decidido arrojo, exponiendo su vida para cumplir hasta el último momento con su deber en la sofocación del fuego, saben que Trinidad Lezama Dávila ofrendó su existencia con íntegro valor, puesto a prueba cuando sin separarse de su actividad como fiel soldado al cuidado de su puesto, supo afrontar los peligros en abnegada y encomiable labor en favor de los intereses de la industria y de la colectividad (1).

Su cuerpo fue traído a nuestra ciudad y después de permanecer en su domicilio, en el edificio sindical se instaló la capilla para velar su cuerpo dónde se le rindieron guardias de honor por tres horas. La organización sindical solicitó que el día del sepelio se laborara de manera continua para que todos los trabajadores cumplieran con el deber moral y sindical de acompañar a su última morada al compañero trabajador que sacrificó su existencia en el cumplimiento de su deber (2).

Trinidad Lezama Dávila fue un héroe que ofrendó su vida en defensa de la colectividad. Por eso, al rendirte hoy homenaje, la sección 10 del STPRM se lo brinda a todos los trabajadores que han fallecido cumpliendo con su trabajo.

TRINIDAD LEZAMA DÁVILA NO DEBE QUEDAR SOLAMENTE EN LA MEMORIA COMO UN HOMBRE QUE MURIÓ HEROICAMENTE, SINO COMO UN TRABAJADOR CUYA EXPERIENCIA Y ACTUACIÓN CONTRIBUYERON A PROTEGER A SUS COMPAÑEROS, LAS INSTALACIONES PETROLERAS Y A LA COLECTIVIDAD DE MINATITLÁN.

Trinidad Lezama Dávila representa al trabajador petrolero que, antes de su integridad personal, coloca en primer término la protección de su centro de trabajo, es el ejemplo de que los trabajadores petroleros cumplimos diariamente con nuestra responsabilidad en beneficio de nuestro país, aun a costa de nuestra vida.

Referencias:

(1) La Opinión. Año XXIV, Núm. 8093. Domingo 14 de junio de 1959.

(2) La Opinión. Año XXIV, Núm. 8095. Martes 16 de junio de 1959.

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