¡Qué bueno que no hubo tantas obras! Todo salió mal
- Guillermo Humberto Gutierrez Arias
- hace 11 horas
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La gobernadora Rocío Nahle tiene poco margen para cometer errores y fallar en sus planes de gobierno.
Si hace un regular gobierno será evaluado como malo, porque no se notarán los avances, dado el desastre dejado por su antecesor, y si hace un mal papel le irá peor en las críticas del pueblo que a Cuitláhuac, pues completaría una docena trágica.
De los seis años de Cuitláhuac García no se sabe si no fue tan malo que devolviera a la Federación millones y millones de pesos para congraciarse con quien lo puso de gobernador, su líder López Obrador.
Y no se sabe porque, si hubiera utilizado todo el dinero disponible para obras y otros proyectos sociales, científicos, educativos y deportivos, por decir algo, ahora estaríamos llenos de elefantes blancos o instalaciones inservibles.
Qué bueno, por ejemplo, que no se concretó el tren urbano para Xalapa, proyecto con puntos buenos, pues, bien planeado y ejecutado, sería de apoyo para la movilidad de xalapeños y de miles de habitantes de municipios de la región.
Se trata de aprovechar las vías de ferrocarril ya existentes, colocar las paradas en puntos estratégicos, desarrollar la infraestructura necesaria alrededor de estas, reacomodar rutas de los camiones urbanos para crear circuitos y adquirir, el gobierno o en coinversión privada, los vagones.
Pero solo quedó en un proyecto de Cuitláhuac, seguramente porque le resultó muy difícil desarrollar lo anteriormente expuesto. Qué bueno, si se hubiera aventado a realizarlo, actualmente sería una obra con mínimo avance o, de haber ocurrido el milagro de su terminación, ya se habría descarrilado un tren.
Rodeado de colaboradores ambiciosos, estos se dedicaron a buscar beneficios propios y prácticamente no concretaron ninguno de sus proyectos.
Patrocinio Cisneros, desde la Secretaría de Gobierno, “inventó” lo de un catamarán para el turismo en el río Papaloapan. Quién sabe cuántas veces pudo navegar sobre el río de las Mariposas, muy pocas, pero actualmente ni quién se acuerde de la embarcación.
También quiso ubicar camellos en las dunas alrededor de Chachalacas, pero afortunadamente no encontró eco —esto sí un verdadero milagro— en su jefe Cuitláhuac García.
Juan Javier Gómez Cazarín, desde la presidencia de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, pretendió ser el rescatador de fábricas privadas y terminó siendo el enterrador.
Promovió la reapertura de la refresquera Coyame, en Catemaco, y en la actualidad está con telarañas y polvo por todas partes. Encabezó las acciones para reabrir el ingenio San Francisco, en Lerdo, y lo llevó a la sepultura definitiva.
El gobierno, es decir, el pueblo veracruzano, ha tenido que gastar más de mil 600 millones de pesos en un estadio nuevo de futbol, construido donde estaba el Pirata Fuente, ¡para que ahí juegue un equipo de lo que antes era la Segunda División! Más de mil 600 millones de pesos gastados sin planeación, sin estar seguros de contar con un equipo de la Liga MX y, aun así, y con todas las barbaridades en su construcción, lo presumió el actual diputado Zenyazen Escobar.
Y si hubieran reparado más carreteras y construido más puentes, más carreteras y puentes serían ahora motivo de críticas porque ya estarían destruidas o dañando automóviles.
A ver qué hace Rocío Nahle, pero el tiempo corre. Ya le falta muy poco para concluir su segundo año y el tercero será de pura política, por las elecciones de diputados.
Por lo pronto, tiene un examen más para ver si puede reabrir el ingenio San Pedro y, si logra eso, mantenerlo abierto.
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