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Aclaración de RicardoRavelo a Pablo Jair

ACLARACION DEL PERIODISTA RICARDO RAVELO A COLUMNA SIN NOMBRE DE PABLO JAIR ORTEGA



La enseñanza de Julio Scherer García


 Ciudad de México

 A 17 de febrero de 2026

Pablo Jair Ortega

Presente

 En relación a su artículo publicado hoy en distintas plataformas ColumnaSinNombre, El Gran ERROR DE DON JULIO SCHERER …Y AMLO, permítame hacer las siguientes precisiones y aclaraciones.

 En el mes de noviembre de 2001 propuse al entonces director del semanario Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda, trabajar un reportaje relacionado con los aventureros de la industria azucarera. El tema se imponía como necesario debido a que la privatización de muchos ingenios azucareros, durante gobierno de Vicente Fox, resultó un gran negocio sexenal.

 Rodríguez Casteñeda me respondió: “Adelante”. En ese momento, ignoraba que Julio Scherer Ibarra estaba implicado en un presunto acto de corrupción con el Grupo Azucarero Escorpión (CAZE), entonces presidido por el empresario Enrique Molina Sobrino.

 Durante mi trabajo reporteril entrevisté a varios dueños de ingenios azucareros, entre otros, a Molina Sobrino, a quien acusaban de haber violado un acuerdo entre grupos industriales para exportar al mercado internacional un porcentaje de la producción de azúcar con el fin de mantener la estabilidad del precio.

 En una ocasión, encontrándome en la redacción de Proceso, llegó a la redacción una persona que dejó un sobre tamaño carta con documentos a mi nombre. La recepcionista me los entregó. Cuando abrí el sobre saqué el legajo y entre aquel cúmulo de papeles había varios documentos de la Secretaría de Hacienda.

 Se trataba de auditorías que comprometían a CAZE y acusaban a su duepo de simular exportaciones de azúcar al mercado internacional. El presunto responsable de aquellas maniobras era el director comercial del consorcio azucarero, Julio Scherer Ibarra, según las denuncias, por lo que se le estaba investigando, aunque también cabe resaltar que existió una persecución en su contra por parte de Francisco Gil Díaz, entonces secretario de Hacienda.

 Cuando leí los documentos hablé con el director Rodríguez Castañeda –no con Julio Scherer García, quien ya había dejado la dirección de la revista en 1996 –y le conté los pormenores del tema. Me dijo, palabras más, palabras menos: Tengo entendido que ese asunto ya se aclaró, pero te pido que hables con Julio. Se refería a Scherer Ibarra. Así lo hice.

 Cuando estuve frente a él lo negó todo, incluso, me sugirió no publicar el reportaje. Le dije que eso no dependía de mí.

 Continué con el tema y en vísperas del cierre de edición Scherer Ibarra me llamó por teléfono. Insistió en que el reportaje no se publicara. Le dije, otra vez, que esa decisión no dependía de mí, que hablara con Rafael Rodriguez.

 El director de Proceso me pidió que en el texto incluyera la versión de Julio Scherer Ibarra, que añadiera los detalles de las auditorías y también la versión de “Julito”, como le decíamos en la revista.

 Sin entrar en más detalles, las auditorías ponían en evidencia que Scherer Ibarra obtuvo documentación falsa de aduanas que mostraban que CAZE había exportado correctamente el porcentaje de azúcar que le correspondía, pero otros datos daban cuenta que los cargamentos de azúcar nunca salieron del país; que los buques que CAZE decía que habían sido cargados en el puerto de Veracruz en determinadas fechas no coincidían con los reportes oficiales, pues dichos barcos en esas mismas fechas navegaban en otros continentes.

 Cuando hablé estos puntos con Scherer Ibarra él lo negó. Tomé su versión, con todos los detalles que me aportó. Recuerdo muy bien que un viernes a mediodía –en pleno cierre de edición –estaba escribiendo el reportaje en Proceso cuando sonó mi teléfono. Era Scherer Ibarra, quien me pidió en tres ocasiones que no publicara el texto. Le respondí de nuevo: “Habla con Rafael”. No sé si lo hizo o no; ignoro si en ese momento el señor Julio Scherer García se enteró. Terminé de redactar mi reportaje de diez cuartillas a las seis de la tarde y lo entregué a la mesa de redacción.

 Salí de Proceso a las 10:00 de la noche, cuando la mesa de edición ya me había dado de alta. Ignoraba, hasta ese momento, si el texto se publicaría.

 Para mi sorpresa, el reportaje se publicó en el número 1305 de Proceso, el 4 de noviembre de 2001, bajo el encabezado: “El Negocio del azúcar: Una trama de corrupción.

 Por su puesto, la publicación tuvo consecuencias aunque no graves. Julio Scherer García –quien habitualmente acudía a las instalaciones de Proceso –me dejó de hablar un año. Era obvio su enojo, pero reconozco que tuvo el talante y la libertad de publicar un reportaje que implicaba a su propio hijo en un presunto acto de corrupción. Eso jamás lo olvidaré. También me quedó claro que la libertad en el semanario era total, pues jamás fui censurado y nunca me dieron “línea” para publicar información sesgada o torcida. La ética y el profesionalismo periodístico en esos tiempos era casi sagrado.

 Más tarde se supo que Vicente Fox le había dado indicaciones a Francisco Gil Díaz de encarcelar a Julio Scherer Ibarra, pero nunca pudieron probar sus acusaciones.

 Sirvan estas líneas para precisar y aclarar este pedazo de historia tal cual la viví, a fin de que este asunto no se preste a malas interpretaciones o a narrativas carentes de veracidad que sólo sirven para confundir a la Opinión Pública.

 Sin más, agradeceré la publicación de la presente en los mismos espacios donde se difundió la columna citada en el primer párrafo de este texto.

 A t e n t a m e n t e

 Ricardo Ravelo

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