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Ventanas Rotas

14 ago 2017
4 min de lectura

Trump: entre el odio y la discriminación

Nos guste o no, desde el arribo de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos el mundo entero ha salido de su zona de confort. En repetidas ocasiones, el magnate inmobiliario ha dejado en claro su especial punto de vista, sobre el nuevo orden mundial que desea imprimir para evitar que su país siga sufriendo – según él - del abuso al que se ha visto condenado por parte de naciones que han que han generado amplios déficits comerciales con la consecuente pérdida de empleos. Por supuesto, la lista la encabezan países como China, Alemania, Japón y México. Su estrechez en la diplomacia lo ha conducido a expresarse de forma por demás grosera con los líderes internacionales, como lo hemos apreciado cuando se negó a estrechar la mano de la primera ministro alemana Ángela Merkel en su visita a la capital Washington, o bien con la transcripción de su conversación con el presidente Peña Nieto, empleando un tono amenazador para “ofrecer” la ayuda del ejército de su país para combatir a los “bad hombres” a los que quizá el ejército mexicano les tenga miedo enfrentar.

Pero lo sucedido este fin de semana en Charlottesville, Virginia retrata como nunca la fractura que prevalece en su país, y recuerda lo premonitorio de la portada que le dedicó la revista Times cuando fue llamado como presidente electo de los “Estados Divididos de América”. Esta ciudad fue escenario de un atentado terrorista en donde un joven de 20 años, supremacista blanco, dirigió su vehículo contra la multitud de personas que protestaban contra el odio, la discriminación y la violencia de ese grupo fuertemente armado, que además se dio el lujo de desplegar el saludo nazi que antes se ofrecía al dictador Adolfo Hitler, para dirigirlo en esta ocasión al nuevo líder de la nación aria que ellos representan, adivinó usted, Donald Trump.

Hace unos meses, el mundo fue impactado con los atentados terroristas perpetrados por extremistas musulmanes que han utilizado carros y camiones pesados, para atropellar a multitudes de personas en las calles de Marsella, Londres y Berlín. Todos estos eventos han sido condenados por la comunidad internacional. Pues bien, el ocurrido este fin de semana en los Estados Unidos ha recibido por parte de su presidente, un tenue llamado a la unión nacional y una condena a la violencia de las partes, sin siquiera atreverse mencionar por su nombre, a este extremista grupo supremacista, núcleo duro de sus votantes anglosajones. Lamentable que la pérdida de una vida en este evento terrorista, además de los múltiples lesionados, no haya recibido una severa y explicita condena por parte del presidente de los Estados Unidos, ante el comportamiento violento de estos grupos que promueve la superioridad racial, el odio a los negros y latinos, y por definición a los judíos.

Recalco esto último, porque en la administración de Trump, en la propia Casa Blanca, lo mismo conviven – si así se puede llamar – un supremacista blanco como Steve Bannon, consejero presidencial con dos notables judíos como lo son Ivanka Trump y Jared Kushner. Es decir, la hija y el yerno del flamante mandatario, por más increíble que nos parezca.

Ante este evento terrorista, los ciudadanos norteamericanos están de nuevo en una encrucijada que se creía superada allá por los años 60. Cuando la fuerza de las movilización pacíficas de cientos de miles de norteamericanos negros, fueron capaces de enfrentar un sistema que los apartaba de los ciudadanos blancos, lo mismo en los restaurantes, en el transporte público, en las escuelas y universidades así como en el proceso electoral. Todo indica que esa intensa campaña en pro de los derechos civiles de la población afroamericana, volverá a re editarse para darle batalla a los grupos supremacistas blancos que se encuentran envalentonados por el arribo a la presidencia de esa gran nación de inmigrantes de un hombre blanco, que ha mostrado por momentos su ingenuidad política, pero que no ha dudado en el uso de la amenaza para alcanzar sus promesas electorales ofrecidas al segmento más fanatizado de sus seguidores.

Estados Unidos el país de la democracia y de las libertades, está siendo vulnerado por los muros y las confrontaciones que su gobierno ha erigido contra diversos grupos de su sociedad. Lo mismo contra los medios de comunicación, a los que a diario amenaza a golpe de tuit mañanero por parte de Trump, que las mujeres y, por supuesto, que los inmigrantes latinos y de quienes profesan el Islam como su religión. Una sociedad que ha entrado en una profunda confrontación a la que solo le faltaba un evento terrorista masivo como el sucedido en Charlottesville, Virginia. Ahora más que nunca, es tiempo de que surjan con vigor los grupos sociales liberales que defiendan los ideales democráticos en los que está basado ese gran país, ante tan grave amenaza de su propio gobierno. O usted que cree estimado lector, que la democracia de un país se defiende por sí sola o que se necesita de los ciudadanos y de las organizaciones sociales para impedir que la derriben. Se vale opinar.

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