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1911 a 1943: inundaciones en el Papaloapan. Miradas históricas del Papaloapan.

15 sept 2021
5 min de lectura

Cortesía de Gustavo Vergara Ruiz

Los habitantes de la cuenca baja del Papaloapan, tenemos como referente al tema de las inundaciones, los años de 1944 y 1969, pero es pertinente reiterar que esta situación tiene un antecedente desde tiempos remotos, que crece a partir del siglo XIX. El tramo que ahora presentamos, que corresponde a la primera mitad del siglo XX, antes de la gran inundación de 1944, fija muy claro que, se tenían antecedentes que denunciaban la situación grave que prevalecía y su tendencia a su crecimiento, como ocurrió en el último año citado.

Ahora bien, en 1911 ya iniciada la revolución, el periódico El Dictamen manifestaba que se vivía paz en la región y que la única sangre que corría era la de la plaga de mosquitos dejada por la pasada inundación, informaba de la pérdida de cultivos y de ganado en los diversos municipios causada por el acontecimiento, así como de las condiciones de insalubridad que se tornaban propicias para la propagación de enfermedades de la piel, gastrointestinales y el paludismo que se habían acentuado por la inundación. Se comenta también que, si bien había destrucción de cultivos, el limo que se depositaba abonaba las tierras de tal suerte que se esperaba que las siguientes cosechas fueran redituables; además, las turbulencias del agua eliminaban plagas y humedecían los terrenos bajos garantizando pasto fresco para el ganado durante el estiaje.

En la inundación de 1921, el ayuntamiento de Cosamaloapan envió al ejecutivo federal, presidido por el general Álvaro Obregón, una solicitud de ayuda para atender la situación sanitaria de sus habitantes. Tras el informe que integraba varias fotografías que mostraban las calles cubiertas por el agua, fue enviada una brigada sanitaria que ya había auxiliado a Tabasco y Campeche; además se enviaron cinco mil pesos para ayudar a los afectados. Por su parte Adalberto Tejeda, gobernador de Veracruz, solicitó a la Legislatura del Estado la autorización para poder apoyar con 1,750 pesos a los damnificados de la congregación de Cerro Colorado del municipio de Cosamaloapan.

Ocho años después, en septiembre de 1929, se dio otra gran inundación que cubrió durante cuatro días grandes extensiones de tierras en cultivo, incluyendo las partes altas. Para ese entonces ya se observa una mayor respuesta de auxilio, tanto del gobierno federal y estatal como de la iniciativa privada. El Congreso de la Unión remitió 25,000 pesos y los propietarios de los ingenios San Cristóbal y Compañía Azucarera del Paraíso Novillero, proporcionaron apoyo económico y ayuda material a los damnificados.

1931 se caracterizó por una intensa presencia ciclónica en el golfo de México que provocó lluvias torrenciales, en consecuencia, se sucedieron diez avenidas, seis más de las que comúnmente se daban al año. Octaviano Corro en su obra el cantón de Cosamaloapan, escribió “que el agua cubrió buena parte del municipio de Cosamaloapan durante cinco meses. Con estas crecientes se afectaron 1,472 ha de plátano, 324 pertenecían a la Mexican Fruit Company, 300 a Villa Azueta y 848 a Otatitlán y 7,000 ha de caña de azúcar, extensión que equivalían al 50 por ciento del cultivo de la gramínea”.

La creciente de 1933 afectó seriamente al barrio de arriba de la ciudad de Cosamaloapan. A la par de solicitar ayuda gubernamental para construir un dique, los habitantes iniciaron la colocación de contrafuertes en los puntos donde se producía la mayor parte de los desbordamientos. De igual forma consideraron la urgencia de empezar a cavar un canal que desviara la corriente del río para evitar que el cauce original continuara chocando en la orilla izquierda exactamente frente a la zona urbana. La respuesta del gobierno federal se tradujo en la construcción de una barrera basada en pilotes a lo largo de 700 metros, obra inútil pues las crecientes de ese año pronto lo destruyeron.

Tras la inundación de febrero de 1936, una comisión técnica recomendó nuevamente la construcción de barreras hechas con pilotes de palma, para defender la orilla izquierda que debía hacerse en el lugar preciso de los derrumbes, esto es, al sur de Cosamaloapan. Esta solución se veía como temporal por la poca efectividad a mediano plazo por lo que se insistió en hacer dos cortes al río en las gargantas de las herraduras ubicadas entre Chacaltianguis y San Cristóbal, además era necesario un dragado general para desahogar la carga de agua. Este proyecto tuvo que esperar varios años hasta que fue realizado por la Comisión del Papaloapan en la segunda mitad del siglo XX.

Años tras año la creciente provocaba mayores derrumbes en la ribera izquierda afectando el área de Cosamaloapan; 1941 no fue la excepción. El clamor general de los habitantes de la cuenca condujo al gobierno federal a crear una Comisión Intersecretarial con participación de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, la Secretaría de Marina y la Secretaría de Agricultura con el objetivo de elaborar un diagnóstico y planificar acciones dirigidas a controlar de manera efectiva el desbordamiento del Papaloapan. Entre el 17 de octubre y el 13 de diciembre de 1943, los integrantes de la Comisión recorrieron la Cuenca baja recabando datos, informes y analizando el comportamiento del río para poder proyectar las medidas necesarias y mitigar los efectos provocados cuando el río de las mariposas mostrara su ira.

José Velasco Toro proporciona un comentario mucho más agudo de las avenidas anuales que por siempre han proliferado en el Papaloapan. Señala que tanto el flujo migratorio, como el desarrollo de la agroindustria (caña de azúcar) que ha dominado el escenario económico, cultural y político del bajo Papaloapan, generaron que el simbolismo del agua y de las inundaciones, se transformara para ser percibidas únicamente como furia desatada de la naturaleza, que lo único que causa es daño a la vida y a los bienes materiales. Aprovechando la necesidad de abastecer la demanda de energía eléctrica a la creciente población de la región central de México, por demás asentamiento de la industria, el gobierno federal diseñó un ambicioso programa para construir un complejo de presas que permitieran almacenar los escurrimientos de los ríos Tonto y Santo Domingo, principales afluentes del Papaloapan y, de paso, controlar las inundaciones. Velasco cita a Octaviano Corro quien explica le percepción de estos fenómenos a mediados del siglo XX: “casi anualmente el tremendo y aflictivo problema de las inundaciones cuyas aguas lodosas cubren miles y miles de kilómetros cuadrados de tierras de labrantías y arrastran con su corriente vertiginosa las siembras, los ganados, las habitaciones y a veces a los hombres; este problema está por ser definitivamente liquidado en la zona del río Papaloapan con la terminación que para septiembre del año entrante se hará de la presa Presidente Miguel Alemán y que actualmente se construye en el sitio denominado Temascal”.

Velasco Toro señala también que en la descripción de Corro se aprecia el cambio de actitud frente a un comportamiento de la naturaleza al que se lo percibía en aquellos tiempos ya como un “problema”; añade además que a partir de la gran inundación de 1944 el tema se politizó.

Fuentes. – Periódico El Dictamen 1911-1936. Entrevista a Rafael Arriola Molina, Xalapa, 1986. Corro Ramos Octaviano, “El Cantón de Cosamaloapan”, La Impresora, 1951, México. Velasco Toro José y Gustavo Ramos Pérez, “Agua: Símbolo de Vida y Muerte en el Bajo Papaloapan”, en Inundaciones 2005 en el estado de Veracruz, pp.1-18. México. Vergara Ruiz Gustavo, Crónicas de las aguas…, Inédito, 2009.

Fotos.- Primera foto, fuente México fotográfico; segunda y tercera inundación en Carlos A. Carrillo, fuente desconocida. Cuarta foto, Tlacotalpan, fuente M. Salamanca R

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